5 abr. 2010

Capítulo 26


Al no poderme concentrar decidí escuchar música hasta que fueran las 6:30.
Justo cuando iba a salir, llamaron al timbre. Abrí la puerta y le vi, ahí parado con sus vaqueros, su chupa de cuero y mirándome con sus preciosos ojos verdes.
-Hola- dijo sonriendo- creo que vas a tener que saltar a mis fuertes brazos para poder salvarte bella dama- empecé a reírme y él hizo lo mismo.
-Si es para salvarme, entonces lo haré- dije mientras me dejaba caer en sus brazos.
-¿Y esa mochila?
-Es por si se alarga el trabajo, es por experiencia- dije sonriendo.
Me llevó a su casa, a las afueras de la cuidad. Había pasado alguna vez por allí. Supe cual era su casa porque era una de las pocas que seguían en pie. Cuando paró el coche, me cogió en brazos de nuevo y dijo:
-Te voy a enseñar la casa ¿ok?
-¡Vale!
Cuando abrió la puerta Leo vino a saludarnos. Frente a la puerta estaban las escaleras para ir al piso de arriba. A la izquierda había una salita que parecía el comedor, a su lado estaba la cocina y a la derecha un enorme salón. La planta de arriba me pareció todavía más grande, pero es que ¡la habitación de Jake era el último piso!
Tenía un baño propio, una cama gigantesca, tele, ordenador... ¡de todo!
Me dejó sobre la cama mientras buscaba las cosas para el trabajo.
-¿Te han dicho que tienes una pedazo de habitación?- Dije sonriendo.
-No, eres la primera persona que entra a parte de mi hermano.
-¡Que morro! Yo quiero una habitación así.- Él sonrió y se tumbó a mi lado en la cama con todas las cosas necesarias para el trabajo.
-¿Qué prefieres suelo o cama?- Me lo pensé y contesté:
-Mejor cama, que como además es pequeñita....-me reí y él hizo lo mismo.
Comenzamos con el trabajo sobre las 7 aproximadamente pero es que a las 9 no llevábamos ni la mitad. Por lo que decidimos que me quedaría a dormir (como yo ya esperaba, de ahí mi mochila) para ver si podíamos terminarlo. Mis padres aceptaron pero con la condición de no acostarme muy tarde.
Como no teníamos ninguna gana de preparar nada, pedimos una pizza para los dos. Mientras esperábamos la pizza estuvimos jugando al Guitar Hero.
-Se te da muy bien- me dijo.
-Yo creo que es la suerte del principiante- dije riéndome.
Justo cuando terminábamos la canción llamaron a la puerta, la pizza había llegado. Fui al comedor cuando vi al chico que traía la pizza. ¡Alberto! Seguro que iba a montar una escenita...

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