19 abr. 2011

Capítulo 2


Estuvimos hasta tarde hablando. Cuando decidimos dormir me tocó hacerlo en un extremo, después de colocarnos, apagar la luz y cerrar los ojos, sentí como algo me echaba su aliento. Empecé a ponerme nerviosa ¿quién o qué sería? Abrí los ojos y me encontré con un par de ojos de un color marrón dorado que me miraban fijamente, me asusté y pegué un grito.
-¡¿Qué pasa?!- Preguntó alguien un poco asustado.
-Nada, que el perro me ha asustado, solo eso.
-Pensé que sería algo más importante, como que había un asesino o algo parecido- dijo la misma voz, que parecía ser Elea- venga, a dormir.
Volví a cerrar los ojos y noté como Black se tumbaba a mi lado.
A la mañana siguiente, cuatro de diciembre, era mi cumpleaños. Me desperté la primera y me fui al baño. Una vez dentro, me di cuenta de que Black estaba conmigo. ¿Por qué me seguía?
-Venga, fuera que voy a ducharme- dije abriendo la puerta que daba a la otra habitación e intentando sacarle sin demasiado éxito. Le tiré una toalla tapándole la cabeza para despistarlo e intentar echarlo, pero volvió a entrar, suspiré y me senté a su lado acariciándole- ve a dar una vuelta o algo- A lo mejor con los 18 consigo poderes y los perros me hacen caso pensé cuando vi que Black sacaba la lengua y se iba, no pude evitar reírme.
Después de ducharme, me vestí y salí con el pelo mojado a despertar a las demás.
Cuando todas se despertaron se turnaron para entrar en los baños mientras yo me quedaba en el salón viendo la tele. Me parecía raro que todavía no me hubiesen felicitado.
Desayunamos y bajamos al pueblo que estaba más cerca de dar una vuelta. Aproveché y entré en una librería para comprarme algo. Salí, con mi libro nuevo, en busca de mis amigas. No habían pasado ni cinco minutos cuando me llegó un sms de María: “Come algo por el pueblo y ve a casa de Lucía después”. Eran las 13:30 y no tenía mucha hambre. Me di una vuelta por el pueblo y entré en una tienda. Cogí una bolsa de patatas, una botella de agua, media barra de pan y un poco de jamón para hacerme un bocata y fui a pagar.
-¿Te han dejado sola tus amigas?- Preguntó el chico que estaba detrás del mostrador. Levanté la mirada y me encontré con unos ojos grises que buscaban los míos. Asentí y el chico me sonrió- puedes hablarme, no muerdo ni nada ¿eh? Por cierto me llamo Lucas.
-Eva- dije dándole la mano- encantada.
-Eva, bonito nombre. ¿Vas a comer esto?
-Si, no tengo mucha hambre, he desayunado hace poco.
-¿Te importa si te acompaño?- Me quedé callada.- Voy a cerrar ya.
-Vale ¿necesitas ayuda?
-No, pero gracias de todos modos.- Dijo sonriendo. Cerró y me dijo- tengo que ir a mi casa a por unas cosillas ¿vienes?
Muy amable está siendo este chico que no conozco de nada pensé.
-Te espero por aquí- comenzó a reírse cuando lo dije.- ¿Qué te hace tanta gracia?
-Nada, te voy a decir algo pero no se lo cuentes a tus amigas ¿vale?- Asentí- me han dicho que te distraiga y que cuando me den un toque te lleve a la casa del monte.
-Menos mal que me lo has dicho, porque estaba empezando a pensar que eras un psicópata o algo por el estilo.
-Gracias por ser sincera, creo- dijo sonriendo- ¿te vienes a casa?- Asentí y le seguí.
Cuando llegamos a su casa cogió lo que me pareció una tienda de campaña, un saco de dormir y una mochila y nos pusimos en marcha.
-¿has cogido una tienda de campaña y un saco? ¿Qué vamos a hacer?
-Vamos a comer en el bosque.
-¿Qué tipos de animales hay en el bosque? Y no me digas animales del bosque porque hasta ahí llego yo solita.- Sonrió.
-Jabalíes, ratones de campo, ardillas… lo típico en el bosque.
-Osos, lobos…. ¿no hay?
-No he visto ninguno por aquí, pero hay veces que bajan al pueblo algunos lobos.
Tardó ¿dos minutos? ¿Tres? Bueno quizá más en montar la tienda. Entramos y empezamos a comer. Me hice un bocata de jamón y él ya tenía uno hecho de tortilla.
-¿Cómo te has visto involucrado en esto?- Le pregunté.
-No se, las chicas me quieren desde siempre- dijo sonriendo.
-¡Pero qué creído!- Los dos comenzamos a reírnos, la verdad que el chaval era muy mono, no se lo iba a negar.
Pasamos unas cuantas horas hablando hasta que le llamaron. Desmontó la tienda y nos fuimos hacia la casa de Lucía.

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